Este mes, mi blog discurre a una velocidad mucho mas lenta de lo habitual. Bueno, para ser totalmente sincera, la que camina mas despacio soy yo y, como consecuencia, mi blog.
El pasado 1 de mayo (festivo: nunca olvidaré este detalle), tuve un pequeño accidente doméstico. Cuando solamente teníamos que ponernos las botas para salir de casa, mi hija y yo comenzamos una divertida guerra de almohadas. Terminamos las dos muertas de risa encima de la cama. Al incorporarme y dar dos pasos para colocar todo en su sitio, mi talón izquierdo encontró la esquina de una percha que, en el fragor de la batalla, se había caído al suelo. Casualidad de las casualidades, la percha era lo único que había encima de la cama cuando comenzamos la pelea.
El resbalón fue más que rápido. Yo diría que meteórico. Notar que mi desplazamiento aumentaba de velocidad, escuchar un ruido rarísimo y soltar un alarido fue cuestión de 2 segundos. Me quedé encajada en el suelo, en lo que yo llamo la media postura de "espárrago" (spagat para los entendidos en ballet clásico).
Cuando era pequeña y alguien me preguntaba que quería ser de mayor, siempre contestaba lo mismo: Patinadora sobre Hielo. ¡Así, sin más! Incluso conservo una redacción que tuve que preparar para el colegio donde anticipaba como sería mi vida deportiva. Es cierto que siempre he patinado: primero sobre hielo y luego sobre ruedas. Me encanta. Enseñé a patinar a mi sobrina y a mi hija, pero hace ya unos años que, para evitar males mayores, decidí no volver a ponerme nunca más unos patines.
Bien, pues no contaba yo con la nueva modalidad de patinaje. Mi vida en el mundo del deslizamiento horizontal todavía no había acabado. Ni cuchilla ni ruedas, ahora lo que se lleva es la "percha-patín".
Conclusión: rotura fibrilar del isquiotibial derecho por varios sitios. Es la rotura de los grandes jugadores de primera división, solo que yo no llego ni a la cuarta regional. ¡Patético! Ahora ya he abandonado la muleta y estoy en plena rehabilitación. ¡Espero recuperar toda la movilidad cuando antes, pero me temo que mi blog y yo ahora vamos despacito!
Esta receta la preparé hace unas semanas. Llevaba tiempo esperando a que fuera la época para poder preparar un SALMOREJO DE FRESONES Y MENTA.
Tengo un libro maravilloso de Alberto Herráiz dedicado exclusivamente a los gazpachos. Como bien explica él, más que una receta es una técnica. Es un libro para disfrutar. Yo he puesto el foco en un gazpacho de fresas, y lo he modificado a mi manera.
INGREDIENTES300 gr. de fresones
200 gr. de tomates
50 gr. de cebolleta
75 gr. de pan de molde
175 ml. de aceite de oliva virgen extra
70 m. de vinagre de fresas
sal
pimienta
hojas de menta fresca
ELABORACIÓN
Poner la cebolleta pelada en un recipiente con agua durante 30 minutos. En la receta original, Alberto omite los tomates. Me temo que hoy he sido más conservadora que nunca, y he preferido dejar un punto tradicional.
Poner el pan de mojado con el vinagre en un molde que cierre herméticamente. Añadir los fresones, los tomates, la mitad del aceite de oliva y toda la sal. Se guarda en la nevera durante un mínimo de 5 horas.
Transcurrido ese tiempo. poner el contenido anterior en el vaso del triturador de alimentos, añadir la cebolleta escurrida y emulsionar con el resto del aceite. Comprobar el punto de sal y servir en recipientes individuales.
Se termina con un poco de pimienta recién molida y un triturado de hojas de menta fresca por encima.
Y ésto es todo. Espero que os guste. La receta está sobradamente probada y ha gustado mucho. Ese punto ácido de los fresones es genial.
Desde aquí quiero darle las gracias a ese proyecto de persona estupenda que estaba presente durante mi caída y reaccionó como una maravillosa persona adulta. Te quiero, Almudena. Mil perdones por el susto.































.jpg)
